25 de octubre, 2016

Lenguaje chapucero

Por Joaquín García-Romanillos

Entiendo por chapuza lo contrario a rigor. La RAE le da tres acepciones de cuya mezcla resultaría que se trata de algo mal realizado y sin esmero, que en Mexico equivale a estafa. La profesión de “hacer chapuzas” tiene un cierto arraigo en España. Pero estas no solo se hacen, sino que también se producen cuando se habla sin rigor.

El debate político, y más en unas elecciones, es terreno abonado para que proliferen estas “artes”, a través de medias verdades y, sobre todo, de una utilización indecente de los datos, manipulando, incluso, una ciencia exacta como son las matemáticas. Cifras referidas a un mismo concepto, son distintas según quien las use, y todos se aprovechan de que el ciudadano no tiene a mano la fuente autentica del dato, ni se va a poner a comprobarlo. Tiene cosas más importantes que hacer. Y además, si se descubre que es falso, no pasa nada.

Conclusión: nadie se cree los datos, los considera manipulados, y esta chapuza en el sentido mejicano, queda impune, y si alguien investigara y descubriera el entuerto, nada pasaría porque el no decir verdad sale gratis. Nada más lejos de mi intención que descalificar el debate político, pero si hacer una llamada de atención al rigor y la seriedad, incompatibles con la ambigüedad y esa terminología que significa una cosa y la contraria, ese lenguaje huero y vacío de contenido ante un estupefacto ciudadano que si hará su trabajo con rigor y seriedad.

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